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sábado, 28 de marzo de 2020

¿Qué has aprendido en estas dos semanas?


Mi hermana ha empezado a lanzar a sus amistades una pregunta que me parece que ilumina estos tiempos de incertidumbre: ¿qué has aprendido en estos días de confinamiento? Toda crisis encierra una oportunidad, y es crucial con qué mirada la afrontemos, en qué centremos nuestra energía. Yo quiero colaborar en esa cadena de crecimiento, así que comparto con vosotros mis aprendizajes y os pregunto lo mismo.
En estas dos semanas he aprendido herramientas digitales: convoco videoconferencias por Zoom, disfruto multi llamadas con mi familia, creo buzones en todos mis correos... Para mi es importante porque lo digital me había generado hasta ahora mucha inseguridad. He vuelto a cocinar, y me he sentido tan orgullosa del primer puchero, de las primeras lentejas sabrosas... y he disfrutado del olor y la textura de los alimentos que voy cocinando. Ordeno lo que antes postergaba por falta de tiempo. Estoy realizando más ejercicio físico que nunca, y además lo comparto con mi hijo. Tengo más contactos con la familia que antes, expresando además cómo nos sentimos, y con amigas con las que quedaba muy de vez en cuando me encuentro ahora cada viernes en un "videocafé" que calienta el corazón. Me paro a decidir si empiezo haciendo lo urgente o lo importante, y casi siempre me decido por lo segundo, aprovechando que ahora las urgencias se relativizan.
Fuera de mí también intuyo movimientos que pueden ayudarnos a crecer. Muchos nombran la solidaridad que brota en todas partes. Yo veo también sinergias que antes parecían improbables: la cooperación del ejército con los pueblos independentistas, de las entidades públicas con las privadas... Esta situación está mostrando los riesgos de la deslocalización de las empresas, y a las nacionales las está enseñando a adaptarse creativa y rápidamente a la demandas. En educación este encierro nos está obligando a esa capacitación digital docentes que tantos hemos estado tomando sólo a sorbos, con desconfianza, pero que nos acerca a este alumnado nuestro del siglo XXI. Y quizá más importante aún, nos puede llevar a reflexionar sobre cuáles son los aprendizajes fundamentales y significativos, con los que nuestros alumnos deben terminar este curso para afrontar el siguiente. Intuyo que la respuesta nos va a acercar a las competencias claves.
Pensar y expresar todo esto me ayuda a sentirme más abierta que encerrada, más conectada al mundo que nunca. Por eso te animo a compartir esta pregunta en tu entorno: 
¿qué has aprendido en estas dos semanas?


lunes, 21 de noviembre de 2016

Caminando juntos

Cuadernos de Pedagogía , Nº 472 , 01 noviembre 2016 , Editar Wolters Kluwer
Columna: DESDE MI SITIO.  
En varios centros que conozco nos estamos aventurando por un nuevo camino: la formación y el trabajo conjunto de los que nos sentimos atraídos por la educación emocional. Nos preparamos también a través de cursos, pero sobre todo mediante grupos de trabajo experienciales, porque pen samos que para poder abordar este aspecto con los adolescentes necesitamos vivirlo nosotros primero. Porque sentimos el vértigo y la responsabilidad de trabajar con seres humanos en crecimiento, e intuimos que nos faltan herramientas. Porque estamos convencidos de que invertir en nuestro equilibrio personal va a redundar en un mejor servicio a los estudiantes. Así que nos reunimos para explorar nuestras emociones; conectar con nuestros olvidados cuerpos a través de la música, la relajación y el movimiento; centrar nuestras agitadas mentes con la meditación; probar la mediación en nuestros propios conflictos y cuidar cómo habitamos el puesto de cada uno. En este último punto –tan importante para mí que le ha dado nombre a esta columna–, nos puede ayudar una valiosa enseñanza de Angélica Olvera, pionera de la pedagogía sistémica: los “indicadores para detectar cuándo nos salimos de nuestro sitio”. Porque, como ella explica, los docentes vocacionales tendemos a ocupar demasiado espacio, invadiendo el de los otros, sean padres o compañeros. Por eso, cuando notemos que estamos agotados, que no nos sentimos reconocidos, que fantaseamos con estar en otro lugar, podemos parar un instante para mirar hacia dentro. Y quizá entonces descubramos que, además de las presiones exteriores que sufrimos, también hacemos tareas que no nos corresponden y no nos han pedido. O juzgamos que los demás deberían comportarse según nuestros principios, y eso nos tiene descontentos y frustrados.
En esto andamos, como tantos docentes que han descubierto que quieren caminar juntos, creciendo para poder acompañar a sus alumnos y alumnas. Con ilusión, sí. Con miedos, también. Como la misma vida.


jueves, 6 de octubre de 2016

El último libro que me ha impresionado

Acabo de leer la autobiografía de Gandhi: “Historia de mis experiencias con la verdad” y me ha resultado muy interesante.
Para empezar, hasta que encontré el libro no sabía que él hubiera escrito su biografía y me pareció estimulante leer su propia visión de si mismo y de su trabajo. Y el título lo encontré más atrayente aún. Realmente es así como él describe su trayectoria, como una serie de experimentos que va realizando consigo mismo sobre cómo vivir: la alimentación y los espacios más saludables, la mejor respuesta ante la enfermedad, cómo relacionarse con los demás o con lo material… Según va descubriendo o generando ideas las va poniendo en práctica. Y me produce mucho respeto que en el libro él reconoce las que no salieron como esperaba, cuándo tomó decisiones de las que luego se arrepintió. Asume incluso que se enfadaba con su mujer y hasta le gritaba, porque quería que ella siguiera sus principios cuando la pobre Kasturbai aún no estaba de acuerdo. Me impresiona que lo reconozca públicamente el adalid de la no-violencia, a pesar de que esto contradice su imagen pública. Y también que un hombre indio de su época reconozca en la cincuentena que estaba equivocado al actuar así y que por entonces ya había igualdad entre ellos, lo que no era nada típico de su cultura y generación. Me impactan también sus obsesiones con el control de las pasiones, lo que le llevó a una austeridad extrema y a rechazar todos los placeres: desde ser célibe dentro de su matrimonio hasta renunciar a la satisfacción del paladar o a la posesión de objetos hasta extremos increíbles. No comparto ese rechazo de lo que yo considero manifestaciones de nuestra humanidad, porque pasa de controlarlas a eliminarlas, pero no deja de impresionarme su autodisciplina. Y la fuerza que le dio, porque cuando estuvo en la cárcel se dio cuenta de que las condiciones en las que allí vivían coincidían con las que él mismo se autoimponía, así que la prisión no tenía poder sobre él, no le desmoralizaba en absoluto. Nada te pueden quitar si no deseas nada.
Del texto me conmueven sobre todo la luz sobre sus imperfecciones y su esfuerzo continuo por superarse. Y cómo consultaba continuamente a sus compañeros antes de tomar cada decisión, que meditaba desde la luz de lo espiritual.
Me llama la atención comprobar que sus fuentes de inspiración fueron tan eclécticas: desde el Gita de tradición hinduista como Tolstoi o el reformador social británico Ruskin, desde oriente a occidente. Igual que luego él influyó sobre personas de todos los orígenes.
Me han fascinado sus experimentos educativos, aunque a él no le dejaron satisfecho. Estaban enmarcados dentro de su vida en el ashram, una vivienda en plena naturaleza donde convivían jóvenes y adultos, familias y personas solas. Abordó la educación física, que valoraba mucho para la salud, promoviendo que los chicos/as hicieran trabajo físico real: de cultivo, de limpieza… Sostenía que lo más importante era la educación del carácter, si los estudiantes tenían autodisciplina podrían aprender con poca guía adulta, y así lo hizo. No utilizaban libros de texto sino libros originales y un proceso de diálogo continuo entre los mayores y los pequeños. Los adultos tenían que ser ejemplo de conducta. Y cada uno aprendía un oficio que transmitía a otros con la práctica conjunta.
El satyagraha, que en occidente se ha traducido como “resistencia pasiva”, él prefería definirlo tal como expresa ese vocablo hindi: unión de “fuerza” y “verdad”, algo así como “la fuerza de la verdad”. Porque la potencia de esta forma de enfrentar los problemas para él estaba en basarse en la verdad siempre. Es decir, cuando le planteaban una supuesta injusticia, lo primero que hacía era desplazarse al lugar para investigar en detalle los hechos, y las opiniones de los implicados. Le interesaban tanto las de los que iban a ser sus oponentes como las de los que iba a defender. Y buscaba una solución buena para todos. Sólo si esto era imposible se planteaban acciones de no-cooperación -con los empresarios o con la ley- con firmeza y persistencia, hasta dejarse encarcelar si fuera preciso, con el mejor deseo en el corazón para los oponentes.
Y es fascinante recorrer a lo largo de las páginas cómo esas ideas y esa forma de vivir que se van generando dentro de él y en su entorno cercano van arrastrando progresivamente multitudes, a pesar de que contradecían la mentalidad de los que luego subyugó.